Las perversidades de una crisis: ¿sobrevivirá la cultura digital? (IV Congreso de la Cibersociedad)

Autor Juan Freire

Dentro de las sesiones plenarias del IV Congreso de la CiberSociedad 2009 he publicado el texto Las perversidades de una crisis: ¿sobrevivirá la cultura digital? que, como el resto de plenarias, entra en la discusión que propone el lema del congreso “Crisis analógica, futuro digital”. Esta sesión plenaria cuenta con un foro de debate donde están apareciendo opiniones muy interesantes que amplían y matizan mi planteamiento original. Este texto ha nacido de la observación de algunas tendencias poco visibles pero creo que muy significativas que percibo en la evolución de la actual crisis y de las conversaciones con algún bien amigo que trata de sobrevivir a la coyuntura actual conservando la filosofía y valores en que ha basado siempre sus proyectos. Este es mi texto, aunque para los comentarios os sugiero acudir al foro de debate del propio congreso.

Es tentador identificar la crisis con lo analógico, con el hundimiento de modelos jerárquicos e industriales y basados en la maximización de variables económicas simples (fundamentalmente el beneficio financiero). Del mismo modo, podríamos asociar las alternativas con lo digital, los modelos horizontales, la organización en red, el resurgimiento de la filosofía de lo artesanal, la revalorización de la diversidad, la búsqueda de la resilencia y sostenibilidad como objetivos más importantes que la simple eficiencia medida como rendimiento financiero.

Pero, quizás, la realidad no sea tan simple: puede que parte de lo sucedido tenga también que ver con el mundo digital y, lo que puede ser más relevante, puede que nuestro futuro digital quede afectado por las bruscas transformaciones provocadas por la crisis. Algunos procesos que podemos observar en estos momentos nos indican como los efectos perversos de la crisis pueden acabar por restringir el futuro digital. En concreto podemos identificar dos factores clave:

  • la tasa de fracaso de las iniciativas (sean estas empresas u otros tipos de acciones) digitales está siendo, muy probablemente, superior al de los modelos analógicos tradicionales. La explicación es sencilla: el tamaño aún importa y buena parte de las iniciativas digitales son muy recientes, pequeñas y débiles por su escasa capacidad de resistencia a una crisis profunda que está afectando incluso a aquellos proyectos que podrían ser viables en condiciones normales.
  • las políticas públicas, al menos hasta el momento y especialmente en España, están apoyando fundamentalmente los sectores de la economía más tradicionales, aquellos que configuraron el modelo analógico que dominó buena parte de la segunda mitad del siglo 20. Por el contrario, el apoyo a los sectores emergentes es mucho más limitado o incluso se abandona, baste observar lo que está sucediendo en España con la inversión pública en I+D, por las restricciones presupuestarias. Como resultado, muchas iniciativas digitales no sobrevivirán a esta crisis, mientras que los sectores analógicos puede que superen este periodo gracias a inyecciones masivas de capital público. La intervención pública está alterando el funcionamiento de los mercados de dos formas. Por una parte se anuncian como correctores de los fallos de mercado, pero en realidad también están primando a unos sectores económicos (normalmente los que más sufren la crisis y, por tanto, los más ineficientes) sobre otros.

El resultado final de estos dos procesos que podríamos definir como perversos será un modelo analógico que saldrá menos dañado de la crisis que el digital.

Pero además, la crisis provoca cambios en las actitudes individuales y colectivas de los protagonistas de la cultura digital, y en especial de aquellos más involucrados en la economía. Este proceso es mucho más difícil de documentar con datos objetivos pero se puede sentir perfectamente observando el día a día de estos colectivos. Así, la crisis provoca necesidades inmediatas de rentabilidad, se priman los objetivos a corto sobre aquellos a medio y largo plazo por una simple cuestión de supervivencia.

Pero los modelos que se están construyendo sobre la cultura digital han apostado por el largo plazo: las motivaciones no económicas, la construcción de ofertas de valor antes de identificar los modelos de negocio, la colaboración y las alianzas en de redes abiertas, … Todas estas estrategias fortalecen la sostenibilidad en el largo plazo pero en muchas ocasiones restringen la capacidad de beneficio inmediato. Pero la crisis puede provocar que se abandonen los valores propios de lo digital, que no aseguran la supervivencia inmediata, y se regrese a los valores que caracterizaron el mundo analógico. Estas decisiones de urgencia pueden condicionar el futuro al hacer extremadamente difícil que regresen los valores digitales. El fracaso de los modelos digitales, incipientes y sin capacidad de resistencia, puede asociarse por muchos con el fracaso de una visión del mundo y de una serie de valores.

Un buen ejemplo lo proporcionan los medios de comunicación. Los grandes grupos bien establecidos en los medios tradicionales, a pesar de su ya larga crisis y ausencia de ideas sobre como afrontar el futuro, resisten gracias a su tamaño y al soporte que les proporcionan de formas diversas las instituciones públicas. Por el contrario, los pequeños medios nacidos como nativos digitales, con modelos de comunicación y de negocio bien definidos, sucumben víctimas de su escasa capacidad de resistencia o del abandono de inversores que apostaron por ellos en momentos de bonanza financiera.

¿Cómo superar las perversidades de una crisis? Parece claro que la clave está en evitar las distorsiones que las respuestas cortoplacistas pueden introducir en la dinámica social y económica. Por una parte parece esencial reforzar y ampliar la cultura digital llevándola a ámbitos mucho más amplios que los que marcaron sus orígenes. En este sentido, en una reciente conferencia Pekka Himanen actualiza la ética hacker para situarla en un contexto más amplio que el del software o los geeks. Los nuevos hackers, ocupados en las energías renovables, biohackers o hackers culturales y apoyados en los valores y métodos de trabajo de la cultura digital, pueden introducir en el sistema los elementos de innovación y creatividad imprescindibles para las transformaciones necesarias. Pero, como reconoce el propio Himanen, para que este proceso tenga un efecto relevante debe expandirse hacia nuevos espacios sociales donde la cultura digital sigue siendo algo exótico.

Esta expansión es en último término un proceso dependiente en buena medida de la iniciativa política, por lo que se necesitan líderes transformadores que utilicen inteligentemente la cultura digital para provocar cambios en los ámbitos analógicos que al menos por el momento siguen dominando nuestra sociedad tanto en sus valores como en la economía.

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